La poesía es una planta misteriosa
01.07.2013 12:06
Para Vale Arias y María
Dice Gisela Galimi -joven poeta argentina a quien conocí en el pasado "Encuentro de Poetas de Mundo Latino"- en uno de sus poemas que leyó allá en Aguascalientes, que "en el Perú hay una planta que es capaz de hacer que las piedras se ablanden". La imagen es arrebatadora e imagino a la piedra cediendo a sus condiciones de solidez que conocemos. Un planta que vence a la piedra. Y yo pienso, que eso hace la poesía en la vida de los hombres. La poesía es la misteriosa planta y la piedra las demás cosas vivientes y rígidas que en el mundo están rectas en su morfología milenaria, en su estatus de cosas y seres animados.
La poesía dobla los rieles del mundo, ablanda los caminos por los que vamos creyendo que es la ruta correcta (siempre creemos que vamos haciendo lo correcto). La poesía amasa la vida de los hombres y la vuelve hacia nuevos caminos lumínicos del tiempo. Un poema que nos revela la luz que necesitan nuestros ojos, para ver con claridad que donde pisamos no era el el mejor sitio y logra hacernos rectificar, probar y comprobar, es el mayor ejemplo.
Todo esto lo pensé, ahora que he impartido un taller de escritura poética en la ciudad de Tampico, invitado por el H. Ayuntamiento en su Feria del libro. Por lo general, la dinámica de los talleres de esta naturaleza, abundan sobre la corrección y rectificación de lo que los asistentes han escrito. Sin embargo cuando suelo coordinar ese tipo de actividades, busco que los alumnos exploren el acto de la escritura y la observación de su mundo, que puede ser un acto fundamental para que la poesía que han de escribir, pueda navegar por la hondura del ser y la memoria emotiva. Porque sigo creyendo que sólo si logramos descender a los territorios más íntimos y silenciosos de nuestra historia y su relación con la realidad, podremos extraer las joyas del lenguaje capaces de construir un poema, y en ese tránsito, ver de cerca aquellos saberes que nos habían endurecido a creer que aquello que vivimos y pensamos, es la única la verdad que nos depara nuestra historia, pero si acaso en esas reconvenciones a las que la escritura nos llega a arrojar, descubrimos nuevos rumbos que se nos presentan, puede ser que la percepción de nuestros actos modifique su dirección, porque ya el simple hecho de haber visto otras alternativas a las que podemos acceder, significa un descubrimiento. En este acto, comienza el ablandamiento de nuestra marcha por la vida, que hasta entonces, creíamos que era en línea recta.
Desde el otro lado, lo mismo ocurre en la lectura de un poema (mucho me ocurrió con la poesía de Pablo Neruda), que desde los ojos de aquel poeta, nos presenta una verdad nueva, y nos revela la distinta forma de un acto, del que creíamos, no tenía otras aristas, ni otros puntos de vista (recuérdese el Mar en Valery). La poesía busca la verdad como ejercicio central. Y de cualquier lado que se aborde (la escritura o la lectura), siempre seremos testigos, que nuestros actos, nuestras ideas, nuestra manera de haber visto la vida y cada uno de nuestros actos, no eran lo único.
En la escritura, se practica el juicio íntimo que por lo general tememos de las cosas del mundo, nuestro mundo y el temor en la escritura, como en la lectura, se vence si hay un acercamiento completo y sincero. Eso he buscado provocar en mis talleres; que aquellos que se acerquen a la pagina en blanco, vayan sin más armas que las de su experiencia y la voluntad de preguntarse cantando. Y en el canto nadie miente. "Dios me libre si miento cuando estoy cantando", dijo Pablo Neruda. Por eso estoy convencido, que la escritura de la poesía, ablanda, como aquella planta misteriosa de la que habla mi amiga Gisela Galimi en su poema.
Hace falta ablandar a los hombres, y la poesía puede como esa planta peruana, ablandar la vida y la historia de muchos que hasta hoy viven pendientes de irrompibles rutinas, de mayúscula tareas monetarias y de empresas poco humanas en las que la vida, como los coches en las ciudades a los ojos de Lev Tólstoi, acaba por dar vueltas y vueltas con muy poco sentido.
La poesía en su praxis y/o en su lectura, puede ablandar esa dureza que ha ganado terreno en nuestros días violentos, y a nadie parece importar.
(NC)